Amor incondicional

He llegado a la conclusión de que el único amor incondicional en esta vida, es el de las calles porque son las únicas que siempre están ahí, tan dispuestas, tan calladas, a la espera de que uno se vaya mil veces al carajo.

Al alma errante que emprende un viaje para huir de todo, de su zona cómoda o de su zona incómoda, como mejor le parezca.

El problema

El problema no es la solución. Eso es obvio...

La solución es intentar ya no ser el problema
o dejar de ser parte del problema.

Pero el problema sigue siendo
sentirme la única solución para el problema
que ya no es problema para nadie,
sólo para mí.

Quiero empezar a terminar

Voy a rehacerme la vida, 
como pueda.

Voy a olvidarme de todos
porque de alguna manera sé 
que ustedes se han olvidado de mí.

Voy a obligarme a quedarme callado,
a no meter las manos al fuego
por alguno de ustedes.

Voy a conseguirme un par de libros,
porque ustedes necesitan ser amigos
y yo sólo necesito dejar de necesitarles.

Voy a dejar de estar pendiente de otra vida que no es mía,
voy a llorar un poco para no sentirme tan mal.

Voy a soltar las penas o comérmelas de una vez por todas,
a tratar de salir de este limbo de sentimientos encontrados
intentando esperar menos
intentando tratar de sentir menos...

La vida solía ser tan simple,
tan tranquila, tan plana, tan suave,
tan fértil para el amor...

¿Qué me queda ahora?,
¿qué le saco a todo esto?,
¿qué me creo, qué deshecho
qué me digo a mí mismo para estar tranquilo?,
¿cómo se disuelve esta amargura?

Aún así, hay cosas en mí que todavía no controlo,
que todavía me ganan la batalla del sosiego,
fantasmas que aún rondan mis noches y mis sueños,
espíritus chocarreros que fastidian mi estabilidad emocional;
las ideas, sobre todo,
los pensamientos mal pensados,
la necesidad de ver algo que no me es permitido ver todavía.

Quiero pero no creo,
me parto en dos cada vez,
nos complico la existencia,
me someto a las necesidades primarias
atado a esta mi autoestima tan derrotada,
a este mi orgullo tan sentido,
a esta mi resignación inconforme.

Yo ya no sé quién soy:
esto es todo lo que nunca quise ser,
esto es todo lo que nunca quise sentir.

Necesito algo de tiempo para digerir,
más que todo para aprender a vivir con este tumor en el alma
o estas piedras en el corazón
y esperar que algún hada mágica solucione mi inexistencia,
me devuelva al camino
y quién quita, y me cure esta enfermedad
o este infinito malestar estomacal,
y me exorcice este demonio psicópata,
animal carroñero,
y su decepción incontenible,
su integridad corrupta,
su error en el sistema,
este su incidente amoroso,
esta su incertidumbre visceral...

Esta mi gana mía de mí de chingarme la vida yo solito
aferrándome a lo que no tiene futuro
sólo porque tiene algo de pasado...

Hace tiempo

Hace un tiempo abrí las ventanas
de este corazón voraz y salvaje,
de estas mis ganas de sentir el amor
lastimando, colándose
hasta los rincones más impenetrables
de mi alma exhuberante.

Hace un tiempo amé;
hace un tiempo también, sentí el corazón estallar.

Hace tiempo ya
que me ganó la desesperación
y el descontrol sobre mis pretenciones,
que me harté de correr contra el viento,
de nadar en el vacío,
de colgar de esta resignación resignada
y el sollozo de un latido compartido
convulsionado y decadente.

Hace tiempo que se me enfría la comida,
que se me enfría el porvenir y el sentimiento,
que se me entumece el alma,
que se me congelan las lágrimas.

Todo duele, desde hace tiempo.
porque hace tiempo que hace tiempo...
y hoy descubrí
que sigue doliendo.

Acumulación

Pura nostalgia, eso es lo que se acumula en las reposaderas cuando llueve.
Sólo nostalgia.

Noviembre adelantado

Se me acabó noviembre, hace tiempo que agonizó en la ventana, en la punta de un cigarro encendido, en las manos de un discurso comprometido y ridículo.
En las garras de una mentira verdadera y una verdad mentirosa.

Estos mis fríos de un noviembre adelantado, con sus promesas macabras y sus miedos recurrentes. Puro noviembre mi octubre, pura muerte mi septiembre.
Tan sin gracia mi noviembre muerto y enterrado, después de una quincena agónica, después de una temporada de pedradas.

Dolió mucho este mi noviembre tan interrogante, tan fotografía rota. Tanto desperdicio entre que sí, que no y al final, nada.
Pobrecito mi noviembre, en serio pobrecito, da cosa verlo ahí tan muerto después de tanto atender lo que dijiste que no harías más, después de tanto vivir del otro lado del mundo.

Este noviembre estoy tan asqueado de tanto vivir en otro mundo.

¡Entendé pues!

¿¡Cómo reputas querés que te entienda si vos en primer lugar no querés entender!?

De regreso...

Hay cosas que uno nunca ve venir hasta que regresan.

Después de ayer

Yo no sé qué cargo, qué pienso.
Qué creo si por momentos dejo de creer;
qué cantidad de basura he acumulado acá en mi banqueta,
con quién hablo
a quién le cuento
con quién me purgo los problemas, los dientes,
las marcas, los días, las noticias, las palabras.

Quién me salva del desencanto
producto de traer el amor a valor presente,
de aplicarle al amor el valor del dinero en el tiempo,
de calcularle su depreciación y el desgaste,
de contabilizar las deudas que va dejando el corazón
cuando uno finalmente asume
los intereses que le va cobrando a uno la vida
para hacer realidad un par de ilusiones berrinchudas.

De ir por venir se ha tratado;
de decir algo que no se debió haber dicho,
de contar todas las noches el mismo grupo de ovejas,
de verlas saltar sobre la cerca
y verlas cada vez menos ovejas,
verlas cada vez más monstruos
más frías, más reptiles.

El amor es una realidad alterna,
sólo un sueño,
una idea que uno se hace
o algo que uno malinterpreta con el pasar de los días
con la acumulación de momentos,
con la capitalización de las palabras.

La vida no es amor.
La vida nunca pasa por el corazón.

No se puede vivir enamorado,
no se puede combinar un asunto con otro.
Caer a la realidad es dejar el amor dormido;
enfrentar la realidad es sentirse solo de alguna forma.
Estar solo es estar vivo,
estar enamorado es dormir y nada más.

Las manzanas se envenenan,
se engusanan,
se comen vivas entre ellas.
Los sueños se llenan de agua.
Las nubes son sueños.
Los sueños se caen del cielo: llueve.

Aquí no hay más perdones que valgan,
no hay más sonrisas que curen.

Time heals, but I'm forever broken...
una y otra vez. La desventura.
La finalización, el acabose.

Aquí sólo hay restos de un corazón partido (o dos o tres)
aquí sólo hay dudas y cuestiones que no terminan (una o mil).

Aquí no hay caricias renovadoras,
compromisos eternos, fechas de caducidad,
o algún beso furtivo que olvide el tiempo.
El tiempo es siempre pasado.
El pasado es una víbora sigilosa que se arrastra por todos lados.
Yo soy el pasado.
Yo soy lo incierto, la cuestión redundante
la falta y el milagro: lo terminado que no termina,
la cuestión limitante, la cuestión reprobada,
el impaciente compulsivo, la ira y el miedo,
el transeúnte suicida, el sospechoso vigilante,
el pendenciero reincidente.

Aquí no hay historias que pesen,
no hay formas ni líneas, no hay fronteras,
todo es gris aquí y ahora:
nada es seguro.

Sólo quedan suspiros y anhelos,
queda algún lamento que no conozco
y todo eso que ya nunca podré ofrecer jamas,
queda el alma en llamas, la lucha necia,
la disposición incompleta,
la intención dando patadas de ahogado.

El problema viene a veces
producto de esa capacidad infame que tenemos
de tomar lo que queremos cuando queremos
de hacer lo que sea necesario
para llenarnos los vacíos que deja alguna necesidad perdida,
alguna infancia solitaria,
alguna depresión recurrente, algún curioso pensamiento
o el rastro que van dejando las personas o los fantasmas
sobre nuestra historia personal.

Esquizofrénicos y malabaristas,
así somos y así nos vamos
mientras nos funcione el teatro,
mientras el acto principal siga a salvo
mientras haya algún sueño inédito
pendiente de ser asesinado,
sin terminar esto o lo otro,
sin terminar algo para iniciar otra cosa,
sin seguir, sin cambiar, sin querer sentir,
sin darnos permiso, sin movernos,
sin perdonarnos ni pedirnos perdón,
como siempre,

así nos vamos...

Halloween

Pasé toda la noche midiéndote la falda. "Si mucho una cuarta" (pensé), aunque por momentos no te tapaba más que lo que cubren dos dedos amontonados en posición horizontal. No entendía como después de tanto bailoteo, tanto salto, tanto contoneo, tantos movimientos coquetos e inocentes, no había logrado ver algo asomando por debajo de ese ridículo intento de falda. Querías verte sensual y atractiva y lo lograste. Me lo dijiste desde que me invitaste hace un mes a esta bendita fiesta de disfraces. Recuerdo también que mencionaste el verdadero significado de Halloween citando algo que dicen en esa película que según me dijiste se llama Mean Girls: Halloween is the one night a year when girls can dress like a total slut and no other girls can say anything about it. No sé aún ahora (sobrio) qué quisiste decir o qué pretendías que yo pensara al respecto. Debe ser algo que entienden sólo entre mujeres porque debo decirte que nunca te he entendido bien. A veces hasta creo que te he estado entendiendo todo lo contrario a lo que realmente querías que entendiera.