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Surrealismo (André Breton)

El acto surrealista más simple consiste en salir a la calle con un revólver en cada mano y, a ciegas, disparar cuanto se pueda contra la multitud. Quien nunca en la vida haya sentido ganas de acabar de este modo con el principio de degradación y embrutecimiento existente hoy en día, pertenece claramente a esa multitud y tiene la panza a la altura del disparo.

-André Breton

Identificar a un amigo (I)

Un amigo es esa persona que cuando uno le pide un consejo nunca le dice a uno lo que uno quiere oír.

yosoy

Yo soy el defecante,
el fatalista impertinente,
reprobado.

 

Cómico sin gracia de mono,
mono sin gracia de malabarista.

 

Yo soy el que esconde los conejos en el sombrero,
el que rebienta las vejigas de la fiesta,
el que se queda sentado en las gradas.

 

Yo soy el interminable
el recurrente insoportable,
el cafeíno sulfúrico, desplomado,
el metálico rechinante,
el hemorrágico nasal constante,
el celoso empedernido
el mero envidioso mordido
el mórbido escandaloso,
el intangible pretencioso,
el que todos piensan y nadie recuerda.

 

El tanmentiroso, el vostumadre,
el matancero y comecaca,
impertinente entre casaca y casaca
bullanguero, calladito,
remolino de flores y moscas,
ojiva nuclear, cuetes de las doce.

 

Yo soy el estallador
el bombardero submarino
la tarjeta musical y el año nuevo.

 

Yo soy la mera bolsa y el pura lata,
el cartón de huevos, y la patada,
la intención, el requerimiento,
el meloguardotodonolodigo,
el meparecetontoqueteemocionetantotodo,
el comedrogadejameenpazquemeimporta
el sinotegustaprefieroquenomedigasnirosca,
el aquiseacabaesto, el mejormehagosho,
el digoloquepiensoperonopiensoloquedigo;
yo soy el todosmecaenmalcomancaca
y el meimportapocoquepiensenqueyanosoyelmismo.

 

Yo soy el cambiado, nunca el cambio.

 

Yo soy el descomunal horror ortográfico de sus vidas.

 

Yo soy el que insulta y no agradece,
el que te mira y te apuñala
el pendejo ese que se cree especial.

 

Yo, soy yo, el que no exagera,
el tornillo espacial colérico, rabioso,
la mosca danzando sobre el pan con mantequilla.

Silencio

En tiempos de silencio, uno habla hasta con las moscas.

La seguridad

La seguridad: una neblina densa, esa nada con forma, ese hielo sobre el que uno se para bajo el sol de medio día. Ahí está uno, luciéndose en su seguridad gélida, en su seguridad durita  y perfectamente cúbica. Ahí está uno, con el pecho hinchado y las nalgas firmes, sobre su hielito de seguridad, haciéndole frente a todo... bajo el sol de medio día.

Pero como la misma historia del pendejito del ingenuo Ícaro que quizó llegar al sol y se le aguaron sus alitas, así también lentamente, casi imperceptible, el hielito se va derritiendo. El hielito se va haciendo agua.

La seguridad es así. Un día cualquiera se derrite, y generalmente es de poquito en poquito. Lentamente va viendo uno cada vez más lejos el sol. Cada vez se siente uno menos cerca del "algún día" prometido. Llega el momento en el que uno ve para el suelo y se encuentra uno sobre el charcote de su seguridad derretida.

Me pregunto si el chiste es buscar otro hielo, ir saltando de cubito en cubito, o si finalmente se trata de buscar algo que no se derrita.

Viviré hasta que me muera

Creo que el asunto radica más bien en el hecho de que finalmente nadie puede "quitarme la vida". Es decir, la vida no es algo futuro (por más que insistamos en "vivir" un segundo adelante del que estamos viviendo), la vida no es una promesa o un sueño, porque finalmente lo que no se ha vivido no puede ser parte de nuestra vida. La vida es el camino recorrido, la experiencia, la vivencia, la memoria. Todo lo que soy está representado por lo que he hecho o lo que he dicho, por todo lo que la gente que me ha visto y ha tenido algún contacto conmigo sabe o recuerda de mí. Más allá de la memoria no puedo existir. Todo momento vivido está guardado en la memoria de alguien, incluyendo la mía. Esto es la vida: cada segundo pasado, cada letra pasada que da forma y sentido a éste texto, eso es la vida, cualquier forma o representación mía que confirma mi existencia. Pero la existencia por sí sola, no es la vida. La vida es el momento y cada momento depende de muchas variables que existen fuera de mí y que, al conjugarse, conforman un momento que a su vez existe porque alguien puede recordar que pasó. Eso es la vida, insisto, lo pasado, porque el presente, en el momento siguiente es pasado, y es entonces donde se considera vivido, y finalmente todo eso vivido, es la vida en sí.

Nadie puede quitarme todo lo que he vivido; nadie puede borrar o negar mi existencia porque las memorias de las personas que se han movido por y sobre mi camino, la confirman. Entonces, decir que alguien puede quitarme la vida es absurdo porque el futuro no está vivo hasta que es pasado.

A qué quiero llegar: éste es mi momento, ésta es la época que me tocó vivir, todo lo que hago y digo y vivo, es un ladrillo en el muro infinito de la historia. Después de esto no hay algo para mí. Antes de mí no había tampoco algo para mí. Nací en este pedazo del lienzo sobre el que Dios pinta el desarrollo de su creación, sobre el que hemos venido pintando la decadente historia de la humanidad. Aquí no hay algo dicho y yo tuve finalmente (para bien o para mal) la suerte si es que tal cosa existe, de nacer en éstos momentos tan convulsionados y suicidas.

No puedo negar mi existencia porque aquí estaba el segundo anterior y estoy el segundo que le sigue. Mi vida es mía y cada paso que doy me lleva irremediablemente a un sólo destino: la muerte.

Vivir sobre (no bajo) la convicción plena de que todo es simplemente como debe ser (sin cuestionar algo con un incrédulo "hubiera"), lo lleva a uno a entender que la vida no se teje bajo los lineamientos de una fuerza suprema llamada destino, que nos mueve y nos lleva a su antojo a expensas de nuestra voluntad. En el primer año de la universidad, recibí clases con un Ingeniero que nos aseguró a todos los presentes durante su cátedra, que lo único que diferencia al ser humano de cualquier otro animal o entidad viviente, es la voluntad. Todo pasa de acuerdo a la voluntad de uno mismo, porque todo lo que hemos hecho nos lleva irremediablemente (como decía antes) a un sólo final. Podría entonces cuestionarse, por ejemplo, una violación, pero basta con ir un poco atrás y darse cuenta que la violación no llega más que por las elecciones hechas uno o mil pasos atrás... ahora, ¿y los niños violados?... es cierto... la voluntad, para funcionar en la construcción de la vida, requiere un ingediente más: la conciencia. Pero no es de eso de lo que hablo. Hablo de vivir la vida.

Yo soy libre cuando entiendo que la libertad nunca es compartida, es personal, aunque obviamente afecta a los demás y sus propias libertades. La libertad de un pueblo se construye en la medida en que sus individuos son libres. Yo soy libre. Yo hace tiempo elegí creer en Dios, pero no en el suyo, porque no creo en el dios con forma de megatemplo, ni en el dios que permanece colgado y muerto en una cruz por las eternidades de lo eterno: creo en el amor. Dios es mi libertad, mi libertad es Dios: Dios es mi libertad para amar. Dios es mi decisión, mi cuestionamiento, mi convicción. Creo en el amor y su poder vital. ¿Qué ha hecho ese Dios en mí?, me ha dado fuerza... me ha movido a aceptar la vida como es, a aceptar para provocar mi segundo siguiente, que al siguiente, será parte de mi vida. ¿Qué haré el segundo siguiente?, tengo que vivir el segundo actual para averiguarlo.

Mi vida es de Dios, porque Dios es todo lo que se mueve en mí y es todo lo que existe a mi alrededor. Todo es producto de alguna forma de amor y Dios, al final de cuentas, es amor. Mi vida es mía pero yo soy Dios y Dios habita en mí y Dios vive a través de mí. Si el ser humano dejara de existir, ¿dejaría de existir Dios?, es decir, ¿quién o qué sería Dios si nadie finalmente creyera en o supiera de Su existencia?. No podemos negar a Dios, porque todo lo que existe es Dios. Me refiero a Dios como la energía que encierra todo más allá del entendimiento humano limitado.

Lo que me pase un segundo después es entonces la voluntad de Dios, porque es la suma de todas las voluntades "existentes". La voluntad de alguien que tiene conciencia, de alguien que conoce lo bueno y lo malo, es la voluntad de un dios y dado que todos somos Dios, la voluntad de uno es la voluntad de Dios.

Si en el segundo siguiente, o en el que le sigue o en el que vendrá después de éste o del que le seguirá a él, resulta que dejo de vivir, será entonces porque la voluntad de Dios se ha cumplido y mi vida habrá dejado de escribirse, pero no por eso dejará de existir. Mi vida seguirá presente en la memoria de todos los que en algún momento confirmaron mi propia existencia a través de la de ellos y gracias a la de ellos. Dios me guarde, Dios es mi fuerza, Dios no me va a salvar si la decisión y la voluntad de Él no contempla la continuación de mi vida, de mi existencia. No porque esté predicho, sino porque mi decisión anterior así lo requiere. Dios pone las cartas sobre la mesa: yo soy quien toma la que mejor le parece.

Es momento de vivir, de seguir construyendo nuestro propio muro, ladrillo a ladrillo, memoria a memoria, momento a momento. Será cuestión de eso que muchos llaman "suerte" y que para mí es finalmente el producto de la causalidad, que siga escribiendo todas éstas mis cosas después de ésto. Porque sé que si mi vida es truncada en algún momento cercano, será mi decisión al final de cuentas la que me lleve a ese momento, porque así debe ser y no existe otra forma en que podría ser mejor.

A veces cuesta entender que sólo existe ésto, éste momento. Que fuera de lo que vivo, no existo. Que mi vida es lo que hago con éste segundo que se me escurre de entre la mano. Que mi vida es esa deuda desgraciada (construída a base de voluntad, conciencia y poca responsabilidad) que me estresa con sólo recordarme de ella. Que mi vida es éste fondo de pensión en el que mis papás invirtieron durante mi infancia, haciendo su depósito de amor a diario. Que mi vida es cada sonrisa que ven estos mis ojos,. Que mi vida son los momentos con mis hemanos, buenos o malos. Que mi vida son los regaños y las felicitaciones y las celebraciones y las fiestas y los desvelos y las llamadas y los puntos menos y las tareas y los proyectos y las fotos y los videos y la música y los libros y la autodestrucción permamente. Que mi vida es esa novia increíble (es que cuesta creerla... CREERLA, no creerle), y sus besos, sus miradas, sus abrazos, su sonrisa, nuestras peleas ridículas (todas) y nuestras "contentaciones" consecuentes. Que mi vida es tomar el teléfono celular, marcar un número y esperar a que conteste alguien en algún lado. Que mi vida es esto: esta palabra, este conjunto de palabras que me han traído hasta el punto que estoy a punto de escribir aquí, ve -> . 

Esto es mi vida y no puedo hacer como si no lo es. No puedo cerrar los ojos y esperar a que me den otra. No puedo sentarme a dormir y pretender que mañana estaré viviendo otra. Mi vida no se acaba, mi vida sigue, tomando forma a cada segundo; lo único que se termina es su construcción, porque aún después de finalizada, sigue existiendo en la memoria de los que me recuerdan (creo que ya hablé mucho de eso). Inclusive, creo que es excitante esto de entender que no hay obra más representativa de uno mismo que su vida. La vida es nuestra propia obra de arte. El artista nunca sabe exactamente cuándo terminará su obra, hasta que termina. No se puede predecir su final porque no depende de algo objetivo, conciso o definido, ni siquiera de la propia decisión del artista. Una obra de arte termina cuando debe terminar, como la vida. La vida termina entonces cuando debe terminar, como una obra de arte.

Creo que debo dejar de engañarme y dejar de permitir que me engañen: debo dejar de tener miedo. En el miedo no existe la voluntad, únicamente el deseo egoísta de perpetuar la existencia, pero en el miedo no se puede vivir, porque la vida implica voluntad y conciencia: disposición. Alguien dijo "Prefiero morir parado, que vivir de rodillas", o algo por el estilo. Creo que fue Zapata. Al final no importa quién lo dijo, sino simplemente que lo dijo y mucho tiempo después estoy acá, tomando sus palabras para seguir viviendo, como la razón única, el fundamento claro, de toda convicción que me permite seguir caminando. No se trata de sobrevivir: se trata de vivir al máximo el momento para completar un buen rompecabezas de memorias y recuerdos. Uno que valga la pena.

Yo elijo seguir viviendo. Seguir viviendo hasta donde me alcance la muerte.
¿Cuándo me alcanzará la muerte?, cuando mi obra maestra esté finalizada, como éste texto, que termina justo aquí.

Recordando una promesa

Justo hoy me recordé, que hace más o menos 10 años ya, me prometí jamás volver a cantar una canción sin saber qué dice, de qué trata. Me prometí estar consciente ante la vida, estar consciente de la vida. Entender, cuestionar. Dejar de creer para finalmente empezar a creer.

¿Me explico?, ¿me siguen?... no... no importa...

La señal

Mateo 12:38
Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal.
Mateo 12:39
Y él respondió y les dijo: La generación mala y adulterina demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta.
Mateo 12:40
Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.

Conclusiones de hoy...

¿Te acordás...?, hoy fue aquel día que en que finalmente caíste en cuenta de lo cerca que estuviste de terminar comiendo mierda, solito, por mula, por dejado, por dar las cosas por sentado... a ver si aprendés tu lección y dejás de subestimar a esa patoja tan linda... mirá que hay pocas como ella... cuidala, querela, dale su lugar... jajajajaja... bien que andabas ahí haciéndote el que no te importaba... sólo a vos se te ocurre mijo... lo bueno es que ella fue más pilas que vos mirá... que en una de esas yo bien te hubiera mandado al carajo...

A ver si aprendiste algo entonces... a ver si te quedó clarita la lección...
...

I
La vida no es una novela, ni un poema, ni un artículo que se escribe día a día: la vida es un mircocuento que se resume a la toma de una sóla decisión en un momento de crisis. Eso es la vida: una decisión, un momento.

II
Siempre hay un punto donde a cualquier machito se le quiebran las rodillas y cae. Realiza que es pequeño.

III
El miedo puede hacernos tomar malas decisiones, pero también puede hacernos tomar la única decisión importante en la vida.

IV
Hay batallas que se pierden, otras que se deben.

V
Cerca la bala: siempre.

Engañados

Sabés que al final creo que
es mejor vivir engañados
que engañarnos viviendo.

Pensá pues...

El cambio no es que sea bueno: es que es necesario.
El cuestionarlo todo no es que sea importante: es que es lo único que importa.

Siempre hay uno

Diciembre Intoxicado I

Conjunto de escritos que en principio eran ideas
y que me encargué de pasar a digital
durante diciembre de 2004
y diciembre de 2005.

I

Llegó diciembre y con él tantas frías celebraciones, tantas luces, tantas metas desiertas, llantos y frustraciones porque el tiempo se ha fugado, tantos suéteres, tantos borrachos emborrachados, tantas contaminaciones y quemaduras; tantas y tantas tentaciones. Y yo en medio de todo, ocupado con mis uñas y mis dientes, con mi fe y mi carne; que no es lo mismo que mi carnosidad o mi encarnación. Hay tantos aparatos en mi aire, en la televisión, en el mundo, en el aire de todos y los días tienen alma nostálgica y de resignación.

II

Caminar no es caminar, es moverse y ya ni eso es aconsejable: a mi mamá le robaron las llantas… y ahora creo que hasta la tranquilidad de vivir o la capacidad de morir tranquila…

III

Como decía, diciembre y sus intoxicaciones, sus contaminaciones, sus mudas putrefacciones, llegaron. Y todas sobre mí, como avalancha roja y verde y amarilla y blanca, como tornado de inmundicia, como peste de celebraciones paganas, como una parte de mi Apocalipsis personal anunciado, ese que se asoma desde que recuerdo, cada año, en la recta final de todo, recordándome mi latente fragilidad, congelándome los huesos con sus temporales, su frío, su ola de muerte invisible y su ejército de martillos disparándole a la espina y lanzándole fuego a las piernas que encuentra en su camino.

Y cada año es más imprudente y abusivo el asunto. Su llegada también.

IV

En las paredes se pintan varios rostros, con ojos de invierno y vestidos de papel de china. Yo trato de mantener en la mirada la misma soledad y el mismo desconcierto, porque finalmente debo aceptar algo: no hay nada que me haga sentir menos sólo que el olor a masa, el olor a pino, el olor a manzanilla, acerrín y pólvora. Los abrazos, los abrazos infinitos, los abrazos llorosos, moquientos y verticales. Esos por otro lado, me matan.

V

Así la paso, así sobrevivo y se me van los días de éste diciembre, terminando el camino poco a poco y sí, totalmente desentendido del daño.