Nada ha valido realmente la pena

Justo ahorita, hoy,
de aquí para atrás y en lo que llega la fecha,
tengo una herida de cachete a cachete, de dedo a dedo,
el corazón expuesto y una chorriadera interminable de sangre.

La profecía se cumple: el anuncio pesa y crece día a día.
Yo: ausente. Triste. Extraviado.

Víctima y victimario;
el que juega con fuego, se termina quemando.
Y no importa cuánto hagás,
cuánto digás, cuánto demostrés:
tengo miedo… seguirá doliendo.
Contemplo que el miedo soy yo
y yo mismo me tengo miedo
y te tengo miedo aunque no me creo capaz.

Nos tengo miedo. Eso pasa, nunca lo ves…
Veo el agua correr entre los dedos
el paso del tiempo, la tortura, la paranoia,
el paso de los días, su peso, la noche cercana,
la poesía del salto y la acrobacia, la locura,
la carga del pasado, de ayer, de hace un tiempo, de hace un año;
el realizar que nada ha valido tanto la pena,
QUE NADA VALE REALMENTE LA PENA,
que tengo miedo pero no sólo miedo:
que tengo pena, que quiero creer que no quiero saber,
aunque la incertidumbre se convierta en mi asesina,
la más grotesca, la más cruel.

Que esto de no saber cuándo y hasta dónde,
es un golpe que llega siempre de noche,
cuando finalmente me encierro entre mis sombras,
doble llave, doble culpa: no saberte, desconocerte.
Querer creer, querer saber que hay detrás de la puerta,
olfatear, saberse inútil, desarmado, perdido:
sin una opción.

Mi silencio es la prueba.
Mi silencio es la materialización de esta pena
de este miedo, de esta corrupción de datos y de ideas,
de mis ojos vacíos, de mi rostro sin expresión…
de esta mi gana de chingarnos la vida.

No digás una sola palabra: ya no importa,
no es necesario.

Lentamente caerán las piezas en su lugar,
la fe tendrá sentido, será todo, el amor,
las ganas, la disposición, la convicción.
Todo pasará, tarde o temprano,
cuando tenga que ser.
Tomá lo que necesités, lo que sea necesario.
Seguí tu camino, huracán errante, colapso de mis columnas;
el día llegará y tus vientos confirmarán el desastre,
el desorden, los despojos, los fragmentos,
los pedazos de historia tirados en el suelo.
Siempre has tenido la razón, nunca has fallado.
Yo soy tan sólo el intento de algo que nunca he logrado.
Yo soy el dependiente, el que necesita de tu existencia completa,
yo soy el que no puede existir más allá de esto,
yo soy el que se sienta todas las tardes a elaborarse algo
el que dedica la madrugada a olvidarse en el vacío de tus ojos.
Yo seré por siempre el imbécil que firma las cartas
las historias, los poemas,
los cuentos con el final más predecible de todos:

un final infeliz para siempre.

De fondo: aquella canción de Dashboard Confessional que te destroza, te desarma y te parte el corazón.

La tristeza

La tristeza se encierra
juega y se divierte deliberadamente
en los audífonos blancos
conectados al pequeño artefacto gris
que transmite a través del cable
que lo conecta a los audífonos
y por lo mismo, a mis oídos,
“All Apologies” de Nirvana.

La tristeza es Nirvana,
no los Smashing Pumpkins
aunque Billy nunca lo entienda.

Kurt Cobain es la tristeza
sus letras son la tristeza
el sonido de su guitarra
que muere ejecutada
en la crudeza y el filo de los dedos
de su mano izquierda.

Eso es la tristeza, Nirvana,
la última liberación, la libertad absoluta,
el suicidio sonoro, la voz suicida,
el suicidio íntimo, personal, diario.

Nirvana simboliza el verdadero nirvana:
el escape. La tristeza.

¿Y cómo nos sentimos al respecto?

"La publicidad nos hace desear carros y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta y estamos muy, muy enojados."

 

- Fight Club

Qué feo...

Qué feo cuando nadie te visita, te quedás vestido y alborotado, en blanco. El silencio se te mete por los poros, te consume, te posee, te abre a un mundo imposible. Vos, el silencio materializado, silencio de silencio, engendrado del silencio, procurador de los derechos inexistentes, emisario de la desgracia, presidente de la nada, gobernador del chillido de los dientes cuando se quiebran al contacto con los puños o con las balas, frío como todas tus penas, frío como tu corazón expirado. Soluciones inmediatas: quemarlos a todos o dejarlos que se maten, aunque maten a un par que “nada que ver” en el intento. Me abstengo de comentar, estoy caminando ciego, y como decía, solo, con el aroma de puta que emana de esta mi libertad tan solitaria. Oigo voces que se lamentan, que se corroen, que crujen oxidadas bajo el sol que ilumina este mundo en decadencia. No somos algo, somos nada, somos despertares inciertos, incertidumbre en movimiento, estadísticas vivientes, superlativos, sobrevalorados y al mismo tiempo desechables. Mentes que vagan y divagan y maquinan su propia muerte, que se exculpan y se arrepienten de arrepentirse, corazones obsoletos, ilusiones fragmentadas. Overflow de sentimientos, overflow de miedo… pasamos las noches en la cama con la muerte, cogiendo día y noche hasta que la puta decida por fin volarnos los sesos. Así se nos va todo a la mierda, hasta que nos dure la indulgencia y necesitemos confesarnos ante el dios crucificado, ese que tanto adoran y que sigue crucificado después de tanto tiempo, ese que seguirá crucificado, muerto, moreno, tostándose bajo la luz de sus millones de ostias, ese su dios de madera, sin vida, tan poco divino, tan poco dios. Yo no me creo más que alguien, pero si mejor que muchos, sobre todo de los que viven para dar lástima, de esos que corren a refugiarse en las enaguas de sus amigos fantasmas y circunstanciales, en busca de una sobadita en la cabeza. Esos pendejos que exageran todo, que vuelven todo un melodrama para encontrarle sentido a sus desvidas y a sus pocas ganas de vivirlas porque no tienen los huevos que se necesitan para hacerles huevos. Igual me pela, es sólo que me enojan, cabrones, así como me enojo con vos cuando se te mete la necedad, cuando te querés meter con todos para hacer lo que todos hacen, cuando te querés ir a emborrachar con todos como todos se emborrachan, cuando querés que te digan puta como le dicen a todos y a las mamás de todos, cuando querés bailarle a algún infame que te observará el culo toda la noche, desde lejos, entre los demás imbéciles calientes que buscan algo donde clavar sus penes. Ahí estará el pendejo ese viéndote y comentándole al pendejo no. 2 (su cuate) qué buen culo tenés, que ya te lo había visto antes pero que hoy se te mira nítido, que quiere bailar contigo, que quiere ver qué le sale, que le pela que tengás novio, que va a esperar a que te pongás a verga, que te va a bailar shuco, que te va a besar el cuello, que te va a tocar las nalgas, que te va a llevar a su carro, que te va a hacer trocitos, que vas a gritar de placer, que le va a contar a todos, que no sos tan santa como fingís, que sólo sos así cuando está tu traido enfrente, que por dentro sos igual que todas porque si no, qué hacés ahí en esa fiesta, como las otras putas que él conoce, tomando, poniéndote bien a verga, como todos, como él, como el pendejo no. 2, como el pendejo no. 3 y el no. 4 y el no. N. Entonces al día siguiente vas a tener goma como todos, te vas a recordar de todo, vas a llorar, te vas a arrepentir, vas a ir a misa a hincarte frente a tu dios de madera, a confesarte con el padre (tan lindo el padrecito, ya está viejito), vas a pasar por tu orden de ostia con Grapette agrandada, te vas a guardar las lágrimas en la cartera y vas a ir a ver a ese pendejo quete quiere, que te limita, que te adora, que te chinga la vida con sus comentarios alarmistas y paranóicos, que te lo advirtió, que te cuidaba, que te impedía ser libre, que te celaba, que sólo muladas habla, que te cree… tan imbécil, que te cree. Y lo más probable es que él va a seguir queriéndote, hasta que lo mate un motorista enmascarado, forajido urbano, con su pistola improvisada. Entonces te vas a ver sola y vas a correr a refugiarte a las enaguas de tus amigos fantasmas y tus papás fantasmas y tus padrinos fantasmas y tus tíos fantasmas. Es que esta es la gente que odio, la que habla de más, la que invade, la que intransigentemente habla por vos creyendo que se sabe cada frase que debería salir de tu boca, la que busca su diploma, su trofeo o su medalla. Esa gente comemierda, esa gente sin sentido. Como yo. Yo no tengo sentido, yo sólo soy esa vos en tu cabeza, ese chasquido de dedos que te hipnotiza y se apodera de tu sistema para por medio de tus dedos, teclear un texto de vez en cuando, como este montón de tonteras, vomitada de palabras a granel, estos textos super elaborados y predecibles porque así soy yo. Nuevamente aclaro, vos no sos el que piensa esto, soy yo, el que se activa con café, el que reacciona con tus cigarros multitudinarios y tus sentimientos oscuros. Aquí es donde nace tu ira, aquí es donde se multiplican tus ganas, aquí donde se corta la sangre, donde explotan los puntos, donde se deshielan los polos, donde se rompen las pitas y convulcionan tus buenas intenciones. ¡Al carajo tus buenas intenciones! Vos no estás para andar llevando putas, huecos, bolos, drogos, necesitados sociales, ninfómanos, “criticones de oficio”, culos, cerdos, resentidos (como yo)… en fin, toda esa calaña que se harta de tus pies y de tus dedos y de tus uñas. Vos estás para más. Aguantá el silencio pero no te dejés llevar, es sólo cuestión de minutos para que empiecen a rodar cabezas y vos lo sabés. Todo esto es un conjunto de estupideces, una tras otra, tras otra, tras otra, piñatas de dignidad; se rentan caracoles, se despachan mujeres necesitadas de vida, se entierran fotos, se suspenden clases. Todo el mundo vive su apocalipsis anunciado, profetizado por algún imbécil que se creía Dios. Facultades mentales a cero. Esto no es nuestro problema. Prendé la tele, date gusto, mastúrbate y después pegate un tiro entre ceja y ceja, procurá ponerte en una posición que permita que tus sesos se rieguen por toda la pared: tu última obra de arte. Una verdadera obra de arte, eso es lo único que importa en ésta vida: hacer una obra de arte, una como mínimo.

Leé lo que te dejé escrito, está horrible. Qué feo.

 

Poesía de porquería

Totalmente desencantados,
¿a nosotros qué nos queda?
sobrevivir del guaro y los centros comerciales,
y salvarnos de ellos,
deprimirnos de no poder deprimirnos
comprar felicidad en Amazon
y ofrecerla de regreso a alguien en nuestras fotos del Facebook.

Desear que alguien nos crea,
creer que alguien nos desea.

Llamar la atención, dar lástima, desfigurarnos…

… si aquí se puediera vivir.

Llorar por la vida y reír por la sangre
realizarnos sin rostro, sin valor, sin nombre
entumecidos, petrificados, mudos,
condenados al soborno y el mandato del corrupto.
Totalmente inconscientes, indiferentes acaso
gastando las horas de un reloj sin baterías
que no avanza, que repite sus minutos a cada segundo.

Vamos perdiendo la guerra contra la moda
y el tedio de vernos al espejo parpadear
confirmando así de una vez por todas nuestra existencia
y nuestra salvación imposible.

¿Y a nosotros qué nos queda?

Aquí ya no hay ganas ni de pegarnos un tiro,
silencio y desilusión,
somos moscas o cucarachas
somos poetas de porquería.

 

Odio a la gente...

… a esa gente que ante todo y por sobre todo, necesita dar lástima.

 

No está en mis manos frenar el suicidio recurrente: todos necesitamos una droga, algo que nos mantenga con vida.

The punishment...

… sometimes don’t seem to fit the crime.

Sometimes I feel broke...

… and can’t get fixed.

Ella me dedicó esta...

... "Lucky" de Jason Mraz.
They don't know how long it takes
Waiting for a love like this
Every time we say goodbye
I wish we had one more kiss
I'll wait for you, I promise you I will

Lucky I'm in love with my best friend
Lucky to have been where I have been
Lucky to be coming home again
Lucky we're in love in every way
Lucky to have stayed where we have stayed
Lucky to be coming home someday

Dejá la bocina en paz

- Vos, dejá de tocar la bocina, porfa...
- ¡Pero es que mirá a ese pedazo de marranada, mano!... me dan ganas de bajarme y romperle la morra con la llave de chuchos...
- ¿Y qué vas a ganar con eso?... llevás como 5 minutos tocando la bocina puro pendejo y el tipo sigue parado... entendé que el tipo no se va a mover, ni porque toqués la bocina con todas tus fuerzas hasta que te desmayés...
- Me pela, ¡me pela!... que entienda el hijueputa... que sepa que la está cagando...
- Mirá pues: si seguís tocando esa bocina por 15 segundos más, el tipo se va a bajar de su picopito son una pistola en la mano y lo último que vas a ver va a ser una pequeña bala acercándose a 325 metros por segundo para incrustarse justo entre tus ojos antes de que si quiera podás pestañear. Probablemente lo último que sintás sea la misma bala cortando cualquier circuito en tu cerebro... y la última idea que tu cerebro procese sea un pantallazo azul al mejor estilo Windows.
... 12, 11, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1...