Ego

Yo tengo un ego más bien, del tamaño del mundo,
un monstruón hecho y derecho y torcido y grandotote...
... creo...
... por lo visto, pues...
No quiere decir que sea lleno'e mierdas...
más bien creo que lo tengo ahí,
canalizado
controlado
encerradito
tranquilito.

CREO...

Tengo el ego entretenido,
así es: entretenido,

pa'que se haga bolas él solo.

Pues que cuando quiere salirse y "lucirse"
y echarse salsa encima y gritarse
y echárseme encima,
le digo que escriba,
le doy un teclado y un blog
y que se entretenga...

... o le doy unos crayones y un lápiz y que pinte algo...
... que dibuje, que lea...
... que oiga una canción.

Pues que se quede calladito es lo único que importa...

- A la que no le sorprende que tenga 8 blogs

Supernada

David, el hacendoso, David el callado, ese David maquinando la salvación del mundo en su cabeza.

Cuando David era pequeño se lo propuso: salvaría el mundo. Siendo producto de una familia, unos padres y una ideología humilde, salvar al mundo era posible, porque es un hecho que mientras más pobreza existe, más realizable es el mundo imaginario. Es así de simple. La mente maquina.

David creció con sus compañeros de la escuela, y mientras todos corrían entre la maleza, saltaban en los charcos y ponían sus zompopos de mayo a luchar, David aguardaba en silencio, siempre callado, siempre meditando, siempre a la espera de la ocasión y el momento exacto en que adquiriría algún tipo de super poderes, en que las fuerzas superiores le contactarían para contarle el plan maestro del cual era parte. El lo sabía, lo sabía como sabe uno a qué saben las tortillas. Era sólo cuestión de tiempo.

En los pueblos alejados de la ciudad, metidos en la boca de lo lejano, en las muelas del olvido, es de suponer que el principal motor para la imaginación de los niños es la televisión nacional y su peculiar franja infantil. Los robots, los gokús, los caballeros, los aviones y los autos fantásticos dibujan el contorno de las ideas para los chirices.

David siguió creciendo, entre machetes y olor a tortilla por la mañana, al medio día y en la noche, colándose en su cuarto a través de la cortina. Todo pasaba; se sembraba, maduraba, se cortaba y se vendía, o se comía en el almuerzo, lo que hiciera más falta. Pero entre todo, la idea de David se mantenía firme, no cambiaba, se volvió cada vez más fuerte, al extremo de tomar su futuro heróico como su razón para soportar abusos de parte del borracho de su papá, que llegaba bolo los viernes y les caía a pijazos a sus 8 hijos y a la tarada de su esposa, - es sólo una prueba que me hará más fuerte... - se mentalizaba - algún tipo de entrenamiento superior que me hará poder subir al siguiente nivel, elevar mi Ki, convertirme en Sayayin.

El machete ensangrentado, aún con restos de pelo y carne aferrados al filo, navegaba errante por el río mientras David luchaba todavía por regresar a este mundo. No todos los días se ve tanta sangre.

David salió un día del pueblo para no volver. En su mochila nada de recuerdos, nada de memorias. Comprendió, aún con sus mínimos 14 años, que haber matado al pisado de su viejo a machetazos, a pesar de ser "en defensa propia" o "inconscientemente", no era precisamente algo que iba a pasar y ya... no era algo que le abriría las manos del mundo. Se sentía decepcionado, sentía que no había superado la prueba, que ya nunca obtendría sus superpoderes.

En un pueblo olvidado, sin ley ni futuro, las piedras aún son la herramienta más infalible para aplicar castigos: el pueblo se reune, le hacen círculo al sindicado, se procede a la puesta en escena de la lapidación, se escarmienta al repisado, se acaba la maña y muerta la gallina. David tiene que escapar: más allá de querer, TIENE que escapar.

La visión de rayos láser, la supervelocidad, la capacidad de volar, los puños de acero... de todos, de todos se puede ir olvidando ya el tontito del David.

Llegando a la ciudad, David se topa con la portada del periódico popular, la noticia: mujer encontrada en el Parque Naciones Unidas, atada, violada, bien muerta y bien embarazada.

Ese día, perdido entre la mal llamada "civilización" citadina, apestoso a humo de camioneta, sin pisto, con hambre, con sangre aún salpicada en el pecho, sangre de esos trozos en los que había convertido a su papá, ahí en medio de ese bullicio de las 7 de la mañana de un lunes recurrente, que nunca termina, que nunca perdona; David recobró la esperanza: la noticia de la chava muerta le abrió los ojos, ésta era la ciudad que estaba llamado a proteger, este era el lugar donde se convertiría en ese superhéroe que se había borrado hacía sólo unas horas del espejo.

Después de 10 años, David hoy es un peón más de una conocida mara que opera en la Bethania... sus superpoderes le han servido únicamente para aguantar las pijaceadas de sus "compañeros", salir a salvo de un par de encuentros balaceados con los contrarios y para fugarse del bote. David ya no tiene corazón, David es víctima de la televisión y del machete. David está marcado para vivir etenernamente, David no podrá pagar jamás los agravios que ha cometido, el infierno nunca reclamará su alma ni la tierra sus huesos.

Impresiones:

qro dijo...
9 DE JULIO DE 2008 13:27
Cuesta mucho caer en cuenta que en un país latinoamericano come-tortillas no existe un mínimo sentido común que ayuda a los jóvenes en desarrollo a tomar conciencia de una ley básica universal que lo ayuda dicernir entre lo "bueno" y lo "malo"... Por otro lado me gustaban mas los Caballeros que Goku y su pelo canche...
Juan Jacob dijo...
9 DE JULIO DE 2008 13:41
Pobres pizados estos, que vienen de lo malo a lo peor, a comer mierda, a matar, a incrementar la inseguridad en nuestra mierda capital.. En fin.. Siguen cagandose en la "Olla"... Todo esto gracias a la falta de educación que se tiene en los más reconditos espacios de nuestra bella Guatemala... Gracias a esta tristeza mierda que se vive en cada persona que busca el alcohol para "librarse de sus penas", pero no se da cuenta que genera más penas en todos lados.... Fuck Maras! Fuck Bolos... y que pizados.. Fuck Guate!
PsicoLibelula dijo...
12 DE JULIO DE 2008 10:19
Que triste realidad verdad? esa realidad que aca tragicamente presentada, pero que se vive en la mayoria de las personas, si de pequeños todos deseamos ser algo: bomberos, veterinarios, policia, piloto, astonauta, cocinero, que se yo... Pero ¿Cuántas personas llevan a cabo sus sueños? Talvez no de superheroes pero igual no lo hacemos... ya sea porque ser policia o bombero esta en la m... o porque las expectativas mejoran, o peor aún empeoran. Las situaciones de un "país en vías de desarrollo" (para mi aún tercermundista) son crueles y limitadas, por sociedades esclavizantes, elitistas y macabras, donde hundir al otro es primero, y cuando esta hundido, hundirlo más... Pobre David, pobres todos los desgraciados que no logran hacer lo que quisieron ser de pequeños, porque esos deseos eran puros...

Stupid lover

OK, ¿por dónde iba?... ah, sí: la cosa es que lo llamé y el muy estúpido no me contestó. No sé qué le pasa, cómo es que él resulta enojado si él fue el que me engañó a mí con esa perra, no yo a él... es que odio a la puta esa... ¿ajam?... noooo, si el muy chulo dice que nada que ver... ay, mano, ¿sabés qué?, me pela... ni modo que yo voy a andar deprimida, toda echa huevo mientras el pedazo de mierda anda agarrándose con otra... - suena el timbre. Es él. Afuera está lloviendo por lo que Marco llega empapado, escurriendo agua hasta por los oídos. Las rosas se quebraron todas en el camino, víctimas del viento y la tempestad. Ya sólo llegan tunquitos sin pétalos.

¡¿Qué querés?! - pregunta Any.

Nada más quería verte... yo sé que la cagué pero creo que lo nuestro es más fuerte que una cagada mía... juntos lo podemos superar... yo te amo y sé que aunque tal vez ya no como antes, tú también me querés, ¿no? - Any se ve sometida por un momento por la retórica, la forma fluida, correcta e hipócrita de hablar de Marco, tan propia, tan suya, tan chapínamente arrepentida...

¡Andate a la mierda!, ¡morite si es posible!, ¡andate con esa puta!... (no te vayas a ir cabrón, si te vas la cagás... aguantame un rato y... ) - empiezan a caer las lágrimas.

¡No!, Any, nena linda, no me dejés... yo no puedo vivir sin ti (además la otra estúpida tiene traido y el tipo se enteró que hace un mes que le ando poniendo... jueputa... me quiere quebrar el culo) - Marco suelta las lágrimas, que se mezclan con las gotas viscosas que caen de su pelo, gotas con agua, gel para el pelo y sudor. Llanto de actor de novela televisiva: más fingido que otra cosa.

Any baja el tono... Any empieza a ceder... él lo sabe... Any le dice: - Cómo pudiste Marco, cómo cruzó cagarla así por tu cabeza... qué creíste: ¿que yo soy una tonta más de tus cuatas?, ¿que nunca me iba a dar cuenta?... qué pura mierda sos, después de todo lo que hice por vos...

Marco baja la cabeza, se hinca frente a Any, justo como todos esos feligreses se hincan frente al padrecito para recibir su escarmiento. Any llora como desconsolada, no a mares, pero dolida, sentida, como cuando a alguien le quitan el corazón y por más que quiera ya no puede reír.

Any se da la vuelta, corta la llamada, se corta la conversación que del otro lado de la línea escuchaba Martita. Camina unos cuantos pasos, se voltea y le dice a Marco: esperame aquí, te voy a enseñar cuánto te quise...

Marco piensa en tantos momentos sexuales y no-sexuales que vivieron, tanas experiencias carnales y no-carnales que atravezaron de la mano. Toda una historia para inspirar un libro melodramático. Marco piensa que Any subió las gradas para ir a su cuarto a traer todas las cosas que él le regaló... - Hoy si la cagué grueso... mierda... -

Otras veces que se habían peleado, se había repetido la escena, sólo que Any nunca lloraba. Era Marco el que tenía que rogar y hasta llorar, independientemente de si él había cometido el error o ella. Any subía refunfuñando y regresaba con una caja que dentro llevaba tarjetas, blusas, suéteres, peluches, perfumes, cartas y no sé qué más tonteras que guardan los novios... más específicamente las novias... y más específicamente, Any.

Esta vez se tardó... ya hacía tiempo que no se peleaban... Marco asumió que se estaba tomando el tiempo para hacerlo sufrir... - Qué cabrona - pensó.

Mientras Marco se perdía en los puntos del centro de un girasol que estaba sembrado en un jarrón algo raro en la entrada de la casa de Any, en el segundo nivel se oyó el ruido de una silla mientras era arrastrada por el piso... - ¿Any?, ¿qué hacés mi amor?... ¿nena...? -

El tirón de la cuerda le partió el cuello al momento de rebotar. Sus ojos se tornaron rojos como de demonio y se quedaron viendo fíjamente la cara de Marco, mientras el cuerpo se tambaleaba y la mueca de la cara amenazaba con volverse un fantasma en la mente de Marco. El ruido era de la silla que había ayudado a Any a subirse a la varanda en la que amarró el lazo, uniéndolo al nudo que había hecho en su cuello... fuerte, tenso, ciego.

¡Puta!, ¡puta!, ¡puta! - decía el pobre e infiel Marco, mientras los dedos de sus manos se deslizaban por su cabeza tensándose para halarse el pelo.

Impresiones:

Juan Jacob dijo...
25 DE JUNIO DE 2008 14:30
Vos 0te.. Hasta escalofrios sentí mano.. Que putas te pasa publicando mierdas así...
Te juro que me fui imaginando toda la escena y hasta me ahueven cuando empecé a leer lo de la silla.. Fuck!!! *miedo
PsicoLibelula dijo...
25 DE JUNIO DE 2008 18:48
A la Madre!!! Casi me mata de un susto!!! Que le pasa, esa su historia esta horrenda, esa cabrona le hubiese dado una lección, pero matarse? qué pasa con su mente retorcida? xq hace ver a la mujer como descerebrada y super dependiente del tipico macho cabron chapin??? No me gusta el final, yo hubiese puesto q lo mata jajajaja eso se merece por traidor y además hipocrita!!!
Pero en fin, esta buena la historia pero si escalofriante, pero pongale un final alternativo jajajajajajaja
qro dijo...
25 DE JUNIO DE 2008 22:09
Una mujer trastornada... Amor puro... del viceral, ese amor que come carne cruda en el desayuno y se mancha con la sangre que chorrea por los bordes de sus labios. Mi umilde opinion. Toda la vida: "El amor es un suicidio". Ahora desde otro punto de vista, muy entrenida la historia y muy buena la forma en que se desvía la antención para caer en la trajedia. (si se le puede llamar trajedia a la muerte de una estupida mujer engañada) Pero en fin... no hay mas que decir... mas que es un nuevo giro que tornaron las historias de la gramalechosa...
Miriam dijo...
25 DE JUNIO DE 2008 22:27
Uy!!!!!!!!!!!!!!! Que buenísima esta, de donde sacas esas ideas.
Espero que no creas que yo haría lo mismo, tu sabes que yo prefiero los puentes, jajajaja.
Es broma te felicito es una historia bien lograda, me asuste mucho.
Fars dijo...
25 DE JUNIO DE 2008 22:28
que buena mierda! de donde te copiaste este cuento? puta... y no mas por fregar estaba mirando mierdas en youtube de fantasmas y no se que putas mas antes de ponerme a leer esta shit...
pero, a la puta...con respecto al cuento...que 0te mas imbecil... y que mujer mas tonta que se va quitar la vida por un hombre infiel.... mujeres... no te digo pues esas nunca piensan cuando estan enojadas.
Jose Carlos Gonzalez Ordoñez dijo...
25 DE JUNIO DE 2008 22:32
Ugh? lo peor es que este tipo de cosas de verdad sucede, pero amor?? jaja mi huevo! eso es estupidez en su máxima expresión, el amor jamas te llevara a cometer semejante tonteria.
Y todavia es peor cuando se le da un tono "heroico" o se admira a la gente que hace estas estupideces.
mildred lucelli dijo...
7 DE JULIO DE 2008 11:31
jorge definitivamente sigo pensando que estas transtornado jaja!! pero por otro lado dejame felicitarte el cuento esta muy bueno y no esta tan fuera de la realidad de la vida tqm
MILDRED
pamchi dijo...
22 DE JULIO DE 2008 13:18
buena la historia... el final es lo mejor... no te esperas que termine en eso... pero matar a la pobre chava... mejor lo colgas al pizado...

Para iniciar el día

Pase usted adelante,
para adentro para el centro
intente respirar mientras se hunde:

sentirá poco sentirá algo
sentirá que se muere,
sentirá que se ahoga.

Ciudad de bestias gritonas: acá te voy.

Rabia en cada esquina: acá te voy.

Miados en los árboles: acá les voy.

Olor a humo de camioneta: acá te voy.

Esta es la ciudad,
"TÚ eres la ciudad".

Gracias por respirar nuestro humo,
gracias por consumir nuestra basura.

Confesión II

Siempre fui un suicida encubierto,
contemporáneo de los saltapuentes y los cortavenas,
perro lleno de rabia y deseos de guerra,
de olor a pólvora en los dientes:
corazón vacío
silencio pronunciado...

... "y yo solía ser tan bueno"...

... lo que hacen las mujeres: atrofiarlo a uno,
corromperlo a uno,
ponerlo a uno contra uno mismo.

Nadie escucha - no es que me queje -
es que simplemente
nadie escucha.

(Se abre el telón: desespero recurrente)

¿A dónde va Vicente?

Al final uno se queda solo
irremediablemente

uno se mete a su agujero,
se re-vuelve,
se pinta de hermitaño verde
y negro y blanco y azul.

Ahora, éste es el plan:

voy a sacarme los ojos,
así como se oye,
a meterme la mano
en la cuenca de los ojos
y extirparme la tripa seca
que tengo
como corazón, gris-oscuro,
mientras me clavo una daga en la espalda
recorriendo su camino con el ritmo
de medio ciento de pastillas en mi panza.

Ácido de batería en la sangre,
desenfreno, vísceras, carne descompuesta:
cero expresiones;

mucha imaginación: lección aprendida.

El atrevimiento - el arrojo,
eso es lo que nos falta a todos,
para meternos un tiro y mandarlo todo al carajo.

Siempre fui un suicida encubierto.

Confesión I

Quién soy
dentro de todo,
en la nada que me compone
en el frío que me define.

En toda ocasión: miedo,
en todo momento: dolor.

Vengo entre suplicios,
entre sistemas y corrupciones,
entre problemas financieros
y la oportunidad que nunca tuve.

Tantos suspiros,
tantos lamentos,
tanta ilusión desperdiciada.

Estoy triste,
me siento solo,
me siento desterrado,
me siento apartado...

estoy al descubierto.

Miedo renovado

Y yo que le decía "Madurá..."
y yo que le decía "Soltate..."
y yo que le decía "Dejala ir...".

Yo - ese - éste.

Lo acepto:
hoy tengo miedo de la evolución,
del cambio inesperado, del desorden,
de un holocausto progresivo,
del cáncer, del sustento, de la repetición.

"¿Y tu hermana?" - pregunto
"Se fue a Cancún..." - responde

Las decepciones se acumulan,
se pelean con la reciprocidad de las palabras,
con la reciprocidad del tiempo.

Yo propongo, nunca dispongo.

Hoy tengo miedo de los virus,
de las defensas caníbales,
de los riñones inflamados
de la próstata y sus persecuciones,
de la tos, de las hemorragias, de los desvelos,
de los proyectos programáticos y programables.

De las calificaciones acertadas: tengo miedo.

Tengo miedo de ustedes,
volcanes en erupción,
movimientos telúricos,
tazas de café,
letras sensatas...

... Dios.

Loop

Yo era inocente antes de conocerte,
era puro, sombra o fantasma,
lo más simple, básico,
lo que me funcione mejor de excusa.

Yo era esquina de los sueños,
tranquilidad: sonrisas.

Fui de viaje, al olvido, un par de años.

Volví en llamas.
Volví artefacto regenerativo.

Fui de visita, a la muerte, al suspiro.

Volví en llanto, volví en trámites funerarios.

Todo se acumuló bajo la almohada
gritándome entre sueños:
"nada cambiará el mundo, nada cambiará el mundo",
ni siquiera mi iniciativa, ni siquiera mi autoflagelamiento.

Voy caminando, voy despacio, voy saliendo.

La historia se repite,
o se repetirá
antes de tiempo.

Lo imposible

Si pudiera gustarme, algo más
algo más que tus rasgos
y tu pelo
y la idea circulándome,
encontrándose con mi reflejo.

Entre tus manos, entre tu risa,
entre tus talles mínimos
entre tus aires máximos
y tu belleza recabrona,
allí me alojaría,
me escondería un par de tiempos.

Oíme, mirame. Tragame.

Acariciame con tus dedos de algodón,
morena feliz, graciosa,
risueña: hermosa.

Sentime, acercate: abrazame a mí.

Veo a través del viento tus colochos,
tus lisos, tus enredaderas.

Si pudiera, patoja, ser algo más que una sombra,
si pudiera acaso ser nube o neblina,
y meterme en tus pulmones y recorrerte por dentro.

Si pudiera no haberte conocido,
no haberte visto mientras crecías
y desarrollabas toda esta mezcla de sabores,
de olores, de imágenes preciosas...

... mientras comprabas esos tus encantos,
que usás para desarmarme,
para hacerme tropezar con lo imposible.

Si pudiera niña, si pudiera,
no te dejaría vivir para contarla.

Conjunto de algo

Carlitos ve la luz tintineante de la candela, bailando al son de la música que entona el viento, delirante, como una cosita sin forma y borracha, como un espejismo de la noche de anoche, la noche en que todo pasó. Es aún de día, pero las velas se han venido encendiendo, más para dar calor que para alumbrar algo.

Son las 3 de la tarde y como casi todos los días, llega la desesperanza contoneándose con el rumor de la lluvia de afuera del edificio, lluvia perenne, producto de algún mal climático que va dejando sus efectos sobre el planeta, “… pero esa es una tragedia que no podemos evitar, porque no importa cuánto trate, y he tratado, pero las cosas cambian muy poco o rotundamente, pero para mal… lo mejor es ahogar las penas en guaro, bailar pegado con una de esos culitos que llevan aquellos y trasnochar con ellas lo suficiente para no darme cuenta cuando todo esto se vaya mucho a la mierda. Aquí nadie se va a salvar y no hay nadie que pueda ni quiera salvarnos…”. Manuel ve su reloj: no hay salida.

Son las tres y cinco, María carga la canasta llena de trastes sucios producto del almuerzo de los 30 ejecutivos acomodados y prácticamente inútiles hasta para levantar su basura post-tiempo-de-comida. Abre la llave y en el instante siente que mil agujas se incrustan en sus manos: el agua está helada.

Son las tres y diez, el tiempo avanza despacio, Carlitos sigue viendo la vela… la llama danzante, la llama errante, quemándose viva. Tres y cuarto.

Manuel ansía las cinco, las cinco en punto, la hora en que se derrumban las paredes ante la estampida de la gente que sale da las oficinas, sus cuates principalmente. Cinco en punto: marcaje de salida y luego, mesa servida, cubetazo consumido, panzas llenas, hinchadas, meadera loca.

María echa el agua en la percoladora, las 10 cucharadas de café, enciende la máquina y casi al instante empieza el sonido del vapor rabioso. Sirve las 5 tazas de café para los gerentes, saca 10 galletitas de la caja en la alacena. Cierra los ojos. Suspira, se agacha para recoger la bandeja. Coloca las 5 tazas y sus dos galletitas por taza sobre “porcelanas” baratas, todas las tacitas toman su lugar en la bandeja. Sale de la cocina. Regresa: olvidó el tarrito de azúcar.

María es la mamá de Carlitos. Carlitos tiene 16 años y mientras su mamá trabaja, él regresa del colegio a su humilde y pobretona casa o “imagen decadente de fierros, pedazos de madera y lámina”, lo que sea más fácil de imaginar. Regresa y se sienta a hacer sus tareas y a esperar. Carlitos tiene miedo siempre, no tiene amigos visibles, trata de ser correcto. Anoche no le funcionó. Carlitos dejó embarazada a la Martita, su novia del colegio que creyó que la imagen sumisa de Carlitos, su imagen de rechazado social, su planta de perfecto idiota era linda.

Carlitos aún no trabaja, aún no tiene nombre, es como si Carlitos fuera un calificativo más bien, para recordarle que aún es un niño. Carlitos es otro de esos idiotas que abundan por estos rumbos, producto de papás que reviven su historia de pubertos embarazados, de adolescentes casados y divorciados al poco tiempo; otro de esos a los que no les contaron, que no sabe, que no entiende sobre las implicaciones del sexo, lo único que sabe es que se dio una revolcada de pronóstico en el monte ayer en la noche, que hizo gemir y llorar a la Martita que dentro de un mes estará dándole la noticia, que dentro de mes y una semana estará en alguna clínica de algún autodenominado doctor, señor maniático y obsesivo sexual, que le arrancará un trozo de alma del vientre para tirarlo a la basura. Martita no tiene trabajo ni dinero tampoco, su tío, el Machete, marero de profesión, sí. Y mientras todo se desarrolla en el vientre de Martita, el embarazo y la posterior infección, María, la mamá de Carlitos, se revolcará unas cinco veces por semana con el tal Manuel, a escondidas, en el baño, después de las cinco.

Pero, en lo que las náuseas, la falta de menstruación evidente y los antojos llegan, Martita caminará como siempre hasta su casa, bajando la lomita detrás de su escuela, donde verá como siempre en una esquina a su tío el Machete, recibiendo un par de pagos de algún extorsionador comemierda que asesinó a un camionetero en la zona 6, mientras todos ansiábamos salir corriendo de la oficina, antes que la lluvia inundara la ciudad por completo. La llamita seguirá bailando su danza satánica, acompañando a Carlitos, que todavía se encerrará tras láminas y paredes hechas de anuncios de cantinas, a hacer su tarea, a seguir siendo correcto y su mamá, María, llevará la respectiva tacita de café a Manuel que le observará el trasero mientras habla con alguien sobre a dónde irán a emborracharse esta noche.