En tu cabeza

Hacete
en tu cabeza
cualquier idea de mí
en tu cabeza
lo que sea, será
en tu cabeza
donde soy cualquier cosa
menos lo que soy
en realidad...

finalmente ¿qué es la realidad?
¿no es acaso
simplemente
la forma que toman las cosas

en tu cabeza?

Por último deseo

Y quisiera que simplemente ella se sientiera mejor
y dejara de llorar
y dejara de sangrar por dentro
que dejara de vivir finalmente.

Y quisiera que él dejara de dibujar formas en la pared,
de lado,
de regreso,
de nada.

Quisiera que encontrara finalmente la puerta,
que encontrara el pasaje al vacío
que ya no se llena ni con suero, ni con papilla,
ni con helado de Guanaba.

Que sus movimientos descansaran,
que sus palabras ahogadas ya no fueran necesarias,
que su tos exhausta se apagara.

Quisiera que ambos tuvieran entera paz,
que fuesen premiados con el cese del tiempo,
que fuesen premiados con mil sonrisas brillando
mientras se apagan las luces.

Quisiera encontrar un día
nada más sus nombres pintados en acuarela
sobre sus lechos oxidados
sobre sus sombras ya borrosas.

Quisiera no la cura, mas el finiquito,
ya no dolor, mas ligeresa en sus cuerpos
para que extendiendo las alas,
se sentaran a esperar ya sin penas
ya sin dolor, ya sin prisas,
bajo el sol de la fe que les mantuvo vivos.

Y llegar y verlos mecerse,
como en tardes de viejos sábados ajenos
de Capulina y Cantinflas en la tele,
de caldo de pata para el almuerzo,
de risas bandidas y charlas con Dios,
ahí sentados a media luz,
renovándome las ganas con sus palabras.

Cómo quisiera que el llamado llegara,
que se agotara ya el cronómetro y dejar que todo pase
que los viejitos crucen de la mano el umbral de lo inevitable

y cerraran los ojos tranquilamente.

(A mis abuelitos,
dos grandes maestros,
dos bellas estrellas:
Sheny y Óscar)

Maestros

Tengo mis maestros; ellos no lo saben.

Tengo mis catedráticos de vida
expuestos, rebeldes, siniestros.

Tengo mis maestros, unos vivos, otros no tan muertos,
otros en el intermedio entre la vida y la muerte,
otros en el desvelo de la desvida,
otros en la desvida del desvelo.

Tengo mis maestros, sumidos en la desgracia
rebalsándose en interpretaciones, en visiones,
en imágenes baratas y explícitas.

Tengo un maestro por sentido,
por área del alma,
por sección del cerebro,
por pedacito de carne.

Tengo mis maestros, compulsivos,
de taquicardias encendidas, cuervos, perros,
otros bichos, otros bestias.

Tengo mis maestros y nada qué aprenderles
y todo qué aprenderles y nada qué copiarles
y probablemente algo qué agradecerles.

Tengo mis lecciones, mías,
tengo mis recreos,
tengo mis maestros forjadores de paciencia,
reflexivos, convulsionando al sonido de sus labios.

Un par de cuestionamientos reflexivos,
y otro montón de cuestionamientos ingratos.

Un par de destellos de luz en la lluvia,
y varios pedazos de algo, de caracteres y siluetas,
de rechazos, de recuerdos,
de palabreríos recurrentes,
de luchas de poder y choque de egos.

De partidos de la selección, parranda y sorpresa.

Es probable que repruebe, es probable que nunca salga de ésta aula, es más, que nunca me levante de éste "escritorio" deplorable.

Qué más da. A uno se le ocurre cada cosa...

Todos tenemos cáncer

Todos tenemos un cáncer
un cáncer microscópico,
en la sangre, en la savia,
detrás de los ojos, en las uñas,
en los dientes.

Todos cargamos el cáncer en la lengua.

Todos padecemos del cancerito recurrente,
del soberbio deseo,
de la corrupción de ideas,
de la inestabilidad de criterios,
de la poca honestidad en las acciones.

Todos llevamos un poquito de cáncer.

Todos salpicamos a veces también el cáncer,
lo hacemos gritar de espaldas,
sobre los hombros,
sobre las ganas.

Vamos con el cáncer en los filtros,
en los vidrios, en los plásticos.

Todos arrastramos un cáncer,
un cáncer cafeínico o tortillisquico,
un espinazo de cáncer y perturbación
en la mano.

Una pobreza desmedida,
una necesidad delatora.

Todos sufrimos de cáncer en el corazón,
bajamos las revoluciones, aumentamos los latidos,
damos vueltas al planeta,
nos contagiamos de más cánceres
nos deformamos las caras.

La mayoría merecemos el cáncer ese,
obedecemos nuestra intriga,
alimentamos nuestro morbo,
producimos y compramos drogas,
las consumimos.

Todos, todos tenemos cánceres.

Todos y los que no deberían...
los que se postran en la cama a esperar la muerte,
los que dejan la vida perdida en un par de fotos
para alimentar de vez en cuando el cáncer de alguien más
que revive su memoria,
para no morirse en el olvido.

(A mama Sheny)

Cantos Circunstanciales

I

Uno se encierra, se parte como las ganas más o menos, como las intenciones menos o más. Uno se limita, uno piensa más lo que dice. Uno tiene miedo, uno está temblando.

Uno como que se olvida de quién es por culpa del ya no querer hablar, uno se ocupa de su propio terror, de su propio lamento, de su propia compra de fin de semana, de su propia recopilación musical y de su propio viaje.

Uno se hace uno con uno mismo. Uno mismo se siente roto por uno. Uno se preocupa por uno mismo.

Uno se harta del viaje y se suplica regresar a casa. Uno sabe que no hay regreso. Uno se termina engañando.

A uno no le importa eso que debería importarle, a uno mismo no le interesa más que aprender y se queda al margen viendo cómo se lo comen a uno.

Uno se hace uno con uno mismo. Uno se hace pedacitos y trocitos y pica pica.

II

El chucho habla, el chucho ladra y vocifera, como asno, como infinita e impulsivamente imprudente. El chucho muerde todo, muerde si lo tocan, si lo miran.

Si algo existe a su lado, el chucho lo muerde.

El chucho arranca pedacitos de carne, pero el chucho está loco. El chucho no vé más que sus pulgas. El chucho tiene una gran imaginación.

El chucho cree que tiene el poder. El chucho corre a esconderse a su casita de amistades recurrentemente dañinas y cagadas. El chucho sangra de vez en cuando y culpa a todos. Culpa a su casita, culpa a la mano que le da de comer, culpa su raza, culpa su entierro, culpa su lágrima inconsciente y su tembladera delirante.

El chucho está loco, tiene síndrome de estupidez egocéntrica, de necesidad de palmaditas en la cabeza, de sobaditas en el hocico, de pellizquitos en las orejas.

El chucho añora tener el control, se muere por tener el control, se mata por tener el control. El chucho no tiene sentidos, el chucho camina a la deriva.

El chucho mató todo lo que me quedaba, hoy le metí su patada final en el culo al chucho... chucho mula.

III

Ya me pela, me pela, me pela. Ya me pela, me pela, me pela.

IV

Tengo unos zapatos escondidos bajo los calcetines, bajo los escombros de la persona exiliada en mi cabeza. Como si me importara, como si tuviera deseos de transgresión, competencia o lucha. Como si se tratara de poner lado a lado los falos de los hombres, como si se tratara de correr hasta que le estalle a uno la cabeza o el electrocardiograma. Como si me importara.

Como si tuviera si quiera las ganas. como si tan sólo pensara en eso: en morder, en clavar los dientes en el cuero, como si quisiera ver a alguien morder la banqueta, como si tan sólo me tomara la molestia de pensar en eso, en serio.

Tengo un par de alm0hadas bajo la chumpa, tengo un café lleno de tazas y un amanecer decadente.

Ve: si tan sólo hablara en voz baja. Es como soltar a un cerdo en la sala de la casa, pura pestilencia y chillidos exagerados.

V

Él controla mi mente, porque cree que cuando piensa, es mi cerebro el que usa. Él controla mi mente porque cuando habla cree que es mi boca la que pronuncia sus palabras. Él controla mis pasos porque cuando me voy a la mierda... bueno... él cree que soy yo el que lo sigue.

VI

Tengo una espina clavada en el ojo desde hace días.
Tengo un tubo clavado en el pecho hace días.
Tengo la sensación de querer arrancarle la cabeza a alguien desde hace días.

VII

Buenas noches rencores y demonios y fantasmas y desvelos y sin-sabores y gastritis y problemas renales y problemas mentales y problemas pulmonares y problemas universitarios y suspiros minoristas y fotografías y sabiondos-estúpidos-desgraciados-emblemáticos-prejuiciosos-egoístas-egomulas-egoidiotas-habladores-mentirosos-chillones-asqueantes. Buenas noches a uno mismo.

Oda a la grandeza

Me ocupo de todos
los señalo con mi dedo
los ridiculizo
los altero, los confronto
soy la puta más puta
soy el idiota más idiota
soy el cabrón revoltoso
y el genio incomprendido
eso que estaban esperando
eso que desean, lo único que necesitan.

Soy un imposible y un starfucker,
un savage sucker boy y un lobo estepario,
un verdadero BAD MOTHERFUCKER.

Estoy loco, estoy desgarradoramente loco:
me alimento de tu inferioridad,
me alimento de tu simplicidad.

Soy un megalomaniaco, ¿y qué?
te veo: cucaracha,
te veo: piedrecita en mi camino.

Presumo de apertura,
mi cabeza es un pequeño cubo,
un pequeño dado con el mismo número en cada cara.

Soy todo lo que llaman alternativo,
tengo que serlo, no puedo existir fuera de eso.

Mi palabra es la ley,
non plus ultra,
yo sueno, yo huelo, yo marcho,
yo destierro, yo corrompo y yo solo me culpo.

Río a carcajadas, pero pronuncio: no hay mejor que llorar.
Me embriago de licores y somníferos,
canto a todo pulmón y no puedo,
no puedo contemplarme sin el bullicio,
sin el bullicio y sus relajos,
sus relajos y sus desvelos,
sus desvelos y el reconocimiento: soy cool.
pero pronuncio:
no hay como la paz
la paz de un viaje interior
un viaje interior por la tarde
por la tarde solitaria
solitaria porque aprecio esa condición de soledad,
soledad que me llena, soledad que me completa,
soledad que me da forma y me da vida.

No puedo estar solo pero soy un solitario.
No puedo ver pero no estoy ciego:
Ustedes malditos, ustedes están ciegos
¿no ven en mi grandeza?
¿no ven la razón, mi razón, la única razón?
¡abran su mente imbéciles, acepten mi grandeza!

Y vos amigo, no sos mi amigo: ¿y el respeto?
¿MI RESPETO? eso que me debés porque sí...
y no me pidás respeto a mí:
yo no estoy para eso,
yo soy demasiado increíble.

Yo soy la mera verga (punto).

Pregunto por ella...

A veces me pregunto, perdido en las ideas de alguien sin ideas, si ella alguna vez se tomó la molestia de pensarme, de darme un rinconcito de su cabeza para revivirme entre sus recuerdos. A veces me miro al espejo y pienso en ella. Me restriego duro la cara, me estiro la cara, me sobo los pómulos, me esitro las orejas: pienso en ella.

Voy y me tiro a la calle, me disparo al trabajo. A veces me imagino regresando a su casa, a la casa de ella, en navidad, como si fuera la época más fértil para reencuentros. Me imagino llegar y tocar el timbre, esperar a verla aparecer en la ventanal junto a la puerta de entrada a su casa, pero su casa de antes, la casa que alberga aún mis sentimientos. Llego a la oficina y para variar voy tarde, pero mientras mis pasos marcan el ritmo de mi trayeto y se pelean con los segundos restantes de otro minuto, yo me realizo sentado en la mesa de su casa: ella viéndome, ella viéndome verla, yo viéndola verme.

Entro a la gran sala de reuniones, escucho a todos murmurar anunciando mi llegada tarde. Me siento, hago silencio. Me callo y entre tanto palabrerío e ideas para el plan del próximo año, yo me pierdo entre ideas de sueños de ilusiones.

Hace unos días le volví a hablar: “hubieras” por todos lados, seguidos por “huebiéramos” y “huebieran” en porciones medianamente similares. Ante esto uno generalmente toma una posición: yo estaba desarmado. Ya tengo corrupto el corazón de tanta pendejada tirándome trozos de emotividad y sexualidad en el camino.

Pude haber peleado más, pero finalmente me he rendido al crepitar renuente de la memoria. La imagino caminando de la mano de ese que le ganó el corazón, la imagino en algún parque, caminando, descaradamente, como si nada hubiera roto. Es que aunque reclame su garantía, ya no tengo algo que dar, sólo excusas.

Mientras no cambiés tu actitud... imbécil, las respuestas son cortas, breves y cortantes, frías para ser exactos. Algunas veces uno escribe por escribir, como algún tipo de remedio o placebo.

Me recuerda ella un par de demonios, ella y sus demonios y los míos, mis demonios y los de ella intersectándose. Uno no sabe pedir perdón finalmente, uno se salta a la parte que sigue, uno se salta a la parte que no duele tanto.

A veces pregunto por ella, en algún café, en alguna plaza, en algún bar nocturno, de esos que le sonríen a los patojitos bolos. Enciendo las luces de la incertidumbre y me río con la melancolía y la falta de excusas para dejar de preguntarme por ella.

Campo de fuerza

Coraza, espinas,
masa sin forma encerrando el suplicio
me he vuelto experto,
dominando el arte, dominando con una sonrisa
ridículo, señalamiento...
my life, this is my life
mi vida, mi puta vida,
puta vida por regaladota
todos toman parte
todos forman su opinión
estoy en todos
estoy en sus ojos...

Ellos presumen
presumen ser normales
presumen encajar, desean tanto encajar
se mueren, se desviven por encajar
se somatan el pecho por encajar
se vuelven, se hacen normales para encajar.

Yo no busco esto o lo otro: ¿se entiende?

Inadaptado de porquería...
jajaja... me da risa.

Se levantan en armas:
creo que les di muchos dientes.

Muerden, muerden, muerden;
ahora pellizcan, aruñan, rugen, comen
devoran.

Excéntrico nunca me ha sonado mal.
Aquí está la diferencia: a mí no me da miedo.

No puedo perder, no PUEDO perder.

Momento íntimo

Yo, con su boca en la mía
yo con sus labios entre mis dientes.

Yo, con su lengua bailando sobre la mía.

Yo, con sus manos en mis nalgas
yo con mis manos sobando sus brazos.

Yo, con un claro vacío en la cabeza
yo con el pudor por los suelos
yo con la idea de la virginidad como un fantasma.

Yo, con la carrera de las circunstancias
con la emergencia de las ganas.

Yo, con un coma de razón.

Yo, sin cincho, ella sin blusa.

Yo con los pantalones a las rodillas,
ella con las piernas al descubierto
con la falda hasta el cuello.

Yo, con una tembladera de principiante,
ella con una tembladera de emociones atrofiadas.

Yo, con la duda redundante,
ella con la redundancia de las respuestas.

Yo, con la respiración galopante,
ella con la intranquilidad curiosa de sus dedos.

Yo, sin camisa,
ella sin vergüenza.

Yo, con la rabia de la abstinencia al borde del abismo,
ella con las consecuencias desparramadas por el suelo.

Yo, apreciando el desorden de las ropas en el suelo,
sin dejar de bailar el tango con su boca,
sin dejar de saltar como idiota,
sin dejar de respirar como demonio,
ella, con los ojos bien cerrados,
con los gemidos ahogados,
con las mejillas ruborizadas,
con el pelo recogido,
con las manos aferradas a mi espalda,
con sus uñas clavadas en mi espalda,
viajando al centro del universo,
viajando al centro de lo prohibido.

Microblogging

Jorge quiere reirse / comerse un par de estrellas / envolverse en una hoja del periódico / meterse en una bolsa de plástico / llevarse a la punta de un barranco / dejarse caer al pasado / caer en los brazos de su madre / escribirse todo tatuado en el cuerpo / y venderse como el best-seller que nunca ha escrito.